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Duelo y reflexión

“Una niña de dos años ha muerto en el municipio coruñés de Brión al quedar olvidada varias horas en el interior del vehículo estacionado de su padre. El progenitor llevó al hijo mayor al colegio, durante la mañana del miércoles, y se olvidó de dejar a la niña en la guardería tras haber recibido una llamada cuando pasaba por delante de su centro de trabajo. Es la quinta muerte en circunstancias similares en 10 años”

 

 Cuando leo noticias como esta, siento una mezcla enorme de tristeza, dolor y conmoción.

Y, al mismo tiempo, me doy cuenta de lo fácil que me  sería caer en el juicio, señalar, buscar culpables o pensar “¿cómo puede pasar algo así?”. Quizás porque hacerlo puede dar una falsa sensación de control. Como si creer que “eso no me pasaría a mí” pudiera protegernos.

Pero la realidad es mucho más compleja y mucho más humana.

A mi entender, vivimos en sociedades aceleradas, exigentes, desconectadas muchas veces de nuestros ritmos, de nuestras emociones y de nuestras necesidades más básicas. Vamos cansadas, saturadas, multitarea, intentando llegar a todo. Y en ese contexto, el cerebro entra muchas veces en automático.

No escribo esto para justificar nada. El dolor de una pérdida así es inimaginable. Tampoco para minimizar la responsabilidad adulta de cuidar a las criaturas. Lo escribo porque creo profundamente que culpabilizar no evita que estas tragedias vuelvan a ocurrir.

En cambio lo que sí creo que puede ayudarnos es aprender a vivir de otra manera.

Con más conciencia.
Con más presencia.
Con más apoyo mutuo, más red.
Con menos exigencia imposible.
Con más descanso.
Con más herramientas para poner límites y poder decir “no “ antes de colapsar.

Y, sin ánimo de aprovechar para hacer “propaganda” y sí con ganas de contribuir, quiero decir que, para mí, aquí es donde la Comunicación NoViolenta puede aportar muchísimo.

Porque la CNV no es solo una manera de hablar. Es una manera de relacionarnos con la vida. Una invitación constante a desarrollar presencia, conciencia emocional y conexión con lo que necesitamos. A escucharnos antes de desbordarnos. A reconocer nuestras señales internas. A salir del piloto automático y volver, una y otra vez, al momento presente.

También nos ayuda a mirar el error humano sin deshumanizar a las personas. A sostener el dolor sin convertirlo en ataque o castigo. A recordar que detrás de muchos actos devastadores no hay monstruos, sino seres humanos profundamente desconectados, agotados o sobrepasados.

Ojalá podamos convertir el impacto de noticias así no solo en miedo o juicio, sino también en una llamada colectiva al cuidado.

Al cuidado de la infancia.
Y también al cuidado de quienes cuidamos.

Porque nos hace falta mucha más higiene emocional, mucha más conciencia y mucha más humanidad para sostener la vida que queremos vivir.

 

 

🤍un abrazo, Francina

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Comentarios: 1
  • #1

    Nuria Povill (domingo, 24 mayo 2026)

    Gracias por tu reflexión, Francina, que pone el foco realmente en lo ese, desde mi punto de vista, claro... No quiero, ni puedo, imaginarme la desesperación de ese padre... no hay castigo mayor que vivir con eso el resto de tus días... Y sí conecto con la necesidad de revisar cómo vivimos, cómo nos escuchamos, qué priorizamos... para no olvidar lo nuclear...