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8 de marzo: reflexiones sobre poder, cuidado y humanidad compartida

Se acerca el 8 de marzo, día internacional de las mujeres y, un año más, a mi alrededor, percibo un halo de emociones y sentimientos muy diversos: entusiasmo, esperanza, incomodidad, cansancio, tristeza, enfado, orgullo, incluso rechazo.
 Y también dentro de mí habitan pensamientos, juicios y emociones que vivo como muy dispares.

 

Va por delante que con este artículo no pretendo dar lecciones ni ofrecer soluciones que no tengo.
 Lo que me mueve es compartir algunas reflexiones e inquietudes que me acompañan desde hace tiempo, especialmente desde que la Comunicación NoViolenta (CNV) forma parte de mi vida.

 

Y me gustaría empezar hablando de poder, una palabra que a menudo resulta incómoda.

Cuando hablamos de desigualdad —también de desigualdad de género— inevitablemente aparece la cuestión del poder.

No siempre es fácil hablar de poder. A menudo lo asociamos a dominación, imposición o abuso. Sin embargo, para mí el poder también está presente en pequeñas decisiones cotidianas: a quién se escucha, quién deja lo que está haciendo para cuidar, quién toma decisiones, quién ocupa más espacio en las conversaciones o en el espacio físico, quién dispone de más tiempo libre…

Desde la mirada de la CNV y de los enfoques sistémicos, el poder no es solo algo que unas personas tienen y otras no. Es también una dinámica relacional que se expresa en nuestras interacciones y en las estructuras sociales que hemos construido y que seguimos alimentando.

En CNV distinguimos entre dos formas de ejercer el poder (definición muy sintética).

El poder sobre, cuando unas personas imponen su voluntad sobre otras.

Y el poder con, cuando buscamos maneras de organizarnos y tomar decisiones teniendo en cuenta las necesidades de todas las personas implicadas.

En pancartas, manifiestos y gritos del 8 de marzo suelen aparecer palabras como: ignoradas, invisibilizadas, acosadas, desacreditadas, silenciadas, anuladas, engañadas…
 Palabras que nos hablan, en el fondo, de necesidades humanas profundas: dignidad, respeto, seguridad, reconocimiento, equidad, validación.

 

En medio de toda esa emoción, a veces me pregunto cuántos de esos gritos tienen que ver con experiencias acumuladas de poder sobre.

Y también me pregunto cómo podríamos acercarnos más al poder con, que implica diálogo, escucha, corresponsabilidad y cuidado mutuo. Porque tengo claro que este camino no se recorre en solitario.

 

Las desigualdades no aparecen únicamente por decisiones individuales. También están sostenidas por dinámicas culturales y sociales que llevamos generaciones reproduciendo.

Y, al mismo tiempo, no se trata de buscar culpables ni de señalar con el dedo.

Algo que me inspira profundamente de la Comunicación NoViolenta es la idea de responsabilidad sin culpa.

Quizá se trate más bien de animarnos a revisarnos y a poner sobre la mesa preguntas como:

             ¿Qué hago yo, consciente o inconscientemente, para que estas dinámicas se perpetúen?

             ¿Cuál es mi parte de responsabilidad en ellas?

             ¿Cómo puedo contribuir, en lo pequeño y en lo cotidiano, a relaciones más justas y cuidadosas?

Yo tengo mis respuestas, y cada persona tendrá que encontrar las suyas.

 

Por mi parte, una de las estrategias de cambio en la que quiero perseverar es seguir aprendiendo e integrando la Comunicación NoViolenta en mi vida y en compartirla allí donde pueda.

 

Porque, más allá de las posiciones ideológicas o de las etiquetas, sigo confiando en algo muy sencillo y muy profundo:

que cuando las personas logramos escucharnos desde nuestras necesidades humanas, aparecen caminos que antes no podíamos ver.

Necesitamos respeto.
 Necesitamos seguridad.
                                                                                          Necesitamos libertad y autonomía.                                                                                       Necesitamos ser escuchadas, vistas y tenidas en cuenta.
 Necesitamos participar en las decisiones que afectan a nuestra vida.
 Necesitamos cuidado mutuo, equilibrio e interdependencia.

Tengamos claro que cuando estas necesidades no están bien atendidas para una parte de la sociedad, el tejido relacional de toda la comunidad se resiente.

 

Por eso, para mí, el 8 de marzo no es solo una conversación sobre mujeres.

Es también una invitación a preguntarnos qué tipo de relaciones queremos construir como sociedad.

 

Y para mí, el desafío no está en ganar discusiones ni convencer a quienes piensan diferente, sino aprender, poco a poco, a relacionarnos desde un lugar donde la humanidad compartida, dignidad y el cuidado mutuo puedan tener más espacio.

 

Si ésto resuena contigo, aquí me tienes para seguir aprendiendo y Practicando la CNV.

 

Feliz y conectado día, 🌻💜 Francina

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