El miércoles pasado tuve el placer de facilitar una sesión de Comunicación NoViolenta (CNV) en EAE Business School, dentro del programa Anticipa tu Futuro, como consultora de Solorelatio. Fue una sesión muy participativa, vivencial y práctica, de esas en las que el grupo se implica, se mueve, prueba, se equivoca y se lleva algo que puede empezar a aplicar de inmediato en su realidad profesional.
Hoy, escribiendo el post para Linkedln, me venía con fuerza la importancia de hablar de comunicación en entornos laborales donde la aceptación no es incondicional, donde muchas veces —de forma más o menos explícita— tenemos integrado que hay que ganarse (y conservar) el lugar, el reconocimiento o la legitimidad.
En estos contextos, la comunicación deja de ser solo un intercambio de información y pasa a tener un peso relacional enorme, porque en cada palabra, en cada silencio y en cada gesto también se está cuidando —o descuidando— el clima en el que trabajamos juntxs.
En los talleres, si tengo tiempo, antes de entrar en Chacales y Jirafas o en los 4 componentes de la CNV, me gusta empezar dando un espacio a la escucha y no desde ofrecer una técnica, sino como una experiencia corporal. Cuando no notamos escucha por parte del otro, el cuerpo se nos tensa, aparece la defensiva y es fácil que surjan malentendidos o dinámicas poco colaborativas. En cambio, cuando alguien se toma el tiempo de escuchar de verdad, sin interrumpir, sin corregir, sin ir un paso por delante, algo se recoloca por dentro. No hace falta hacerlo "perfecto"; basta con la intención genuina de estar ahí.
De echo, la intención fue otro de los hilos que atravesó todo el trabajo. En CNV insistimos mucho en que no son solo las palabras las que comunican, sino desde dónde las decimos. Podemos utilizar expresiones aparentemente cuidadosas y, aun así, generar distancia si por dentro estamos intentando convencer, imponer o protegernos. Eso se percibe. Emitimos dobles señales y la otra persona lo capta. Y al mismo tiempo, cuando la intención es ver, comprender y empatizar, aunque se nos escape algun juicio, el cuidado y las ganas de conectar también llegan. La CNV no va de decir las cosas “bien”, sino de revisar con honestidad desde qué lugar interno hablamos.
Luego, sin dejar de poner el foco en la intención, presentamos el modelo de la CNV de los 4 componentes* como poderosa y práctica herramienta para empezar a cambiar nuestra comunicación.
*OBSERVACIÓN: qué ha pasado (hechos observables, libre de juicios).
SENTIMIENTOS: cómo me siento al respecto.
NECESIDADES: qué es importante para mí en esta situación.
ACCIONES/PETICIONES: qué podemos hacer o pedir para cuidar de las necesidades de todxs lxs implicadxs.
Desde la Observación pusimos en escenario los juicios. Traducirlos en observaciones suele requerir un esfuerzo consciente, porque estamos muy acostumbradas a interpretar, evaluar o sacar conclusiones rápidas. Sin embargo, cuando conseguimos describir hechos concretos y observables, sin añadirles etiquetas ni intenciones, cocreamos un espacio "más neutro". Ponernos de acuerdo en qué ha pasado, sin mezclarlo con lo que pensamos de la otra persona, permite construir una realidad compartida sobre la que sí se puede dialogar.
Y si, además de los hechos, empezamos a poner palabras a cómo nos sentimos y a qué es importante para nosotras, se abre un campo distinto. Aparecen el respeto, la empatía y una sensación de humanidad compartida, incluso cuando hay desacuerdo. Desde ahí, buscar estrategias deja de ser una lucha de posiciones y se convierte en una exploración conjunta de opciones que cuiden a todas las partes implicadas.
Respecto al cuarto componente (peticiones y acciones), algo que me encanta es demostrar que, normalmente, cuando pedimos o proponemos algo teniendo en cuenta las necesidades de la otra persona, sus ganas de decir que sí aumentan de manera bastante natural. No por obligación ni por complacencia, sino porque se siente confiada porque sus necesidades de ser vista, incluida y respetada se satisfacen. Cuando una petición deja de sonar a exigencia encubierta y se convierte en una búsqueda compartida, la cooperación aparece con mucha más facilidad en casa, en la calle y en el trabajo.
El taller finalizó con una ronda de agradecimientos y compartiendo lo que se llevaban de la sesión, poniendo en valor la CNV en nuestras relaciones, sean del tipo que sean porque, créeme, no es ingenuidad ni utopia; es una forma muy eficiente de relacionarnos y de trabajar juntxs.
Y yo también quiero terminar agradeciendo de corazón al grupo de EAE por su implicación, su apertura y su disposición a experimentar. Fue un gusto acompañar a personas que se atreven a jugar, a reflexionar y a practicar nuevas formas de comunicarse en contextos reales. Gracias también a Nuria Povill por su presencia, su apoyo y su complicidad a lo largo de toda la sesión.
Seguimos Practicando CNV, feliz día, Francina 🌻🤗.








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